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just think about it!

Así es crecer en … Moratalaz (por Fátima Eiras)

Viviendas bajas, señoras que bajaban a la compra “hechas unos
zorros”, comprar chuches en casa de La Pura, Sima(n)go, pajeros en
la oscuridad… Nos vendieron el barrio como el futuro, pero no lo era.
Así fueron mis aquellos no maravillosos años.

moratalaz
La autora de pequeña

Decir que eras de Madrid cuando estabas fuera de vacaciones, en la playa, en un pueblo, donde fuera de España, suscitaba cierto odio y, a la vez, admiración. Molaba. Pero después de esas miradas que te aportaban cierto poder extraño, tocaba aclarar que, en realidad, no eras de Madrid-Madrid, si no de Moratalaz. Poco glamour.

Crecer allí de niña fue muy bonito, casi maravilloso. Supongo que esta retentiva encaja con lo que les vendieron a nuestros padres. Barrio de parques, sin tráfico, seguro, apacible, lejos de la contaminación del centro. Con futuro.

Yo vivía frente al cuartel de la Policía, en las casas altas. En mi zona había tres bloques enormes y cientos más que no lo eran. Eran viviendas bajas y no del futuro, como nosotros. La brecha social existía en todo Moratalaz; desde Pavones hasta quien se apuntara desde La Estrella. Mi experiencia es de Pavones. Mi madre, que era de buena familia, no entabló amistad jamás con los de las casas bajas y, por ende, nosotros tampoco. Tampoco llevaba bien lo de encontrarse a las señoras en el súper con su bata, sus rulos, zapatillas de andar por casa y fumando. Yo, por el contrario, las adoraba. Podría decir que ha sido mi mejor aprendizaje de Moratalaz: a la compra, o se baja hecha unos zorros, o no se baja.

Otro hito del barrio era comprar chuches en casas, en mi zona estaba La Pura y una mujer paralítica que te atendía subiendo a su segundo piso. Yo era más de La Pura, que atendía a pie de calle, desde la ventana de su casa, y no te hacía experimentar las intimidades propias de un hogar. Ella fue una especie de confesora de mis vicios. Nuestra relación duró siempre y fue feliz. Desde la niñez hasta mi paso a los cigarrillos sueltos.

 

camino-vinateros-moratalaz

 

La adolescencia en el barrio se convirtió en un auténtico coñazo. El futuro no llegó. Pasé la mayoría de mis tardes fumando desde la ventana, observando cómo nada cambiaba; las casas bajas, los parques vacíos (ni siquiera dieron para botellón), los columpios abandonados, la carretera a lo lejos y el encuentro diario con mi hermano en la otra ventana, fumando, como yo. Estudié en el único colegio de pago del barrio donde pasé catorce años vestida de uniforme codeándome con los nuevos pijos y con un ambiente enrarecido y humillante. Lo más divertido que recuerdo fue el trabajo de una compañera, que nos quiso convencer a todos de que el nombre de Moratalaz venía de una mora, que se llamaba Talaz. Pobre, yo me reí mucho pero ella se comió sus buenos años de ‘bullying’. No fue la única.

Allí solo tuve un par de amigos de verdad con los que salíamos a la parte más comercial del barrio, las lonjas para hacer botellón y la glorieta de Simago aka Simango para robar tonteríasy comprar ‘Maxis’. La zona de las lonjas tenía bares y tenía vida. Os lo podrá contar otro. Llegados a ese punto mi odio hacia el barrio iba in crescendo. Para diferenciarme y hacerme la mayor, iba a pasar las tardes con mis dos amigos al lobby del Hotel Colón donde nos dábamos cierto aire internacional o a los bajos de Orense (Nuevos Ministerios) a Nuit, o a Nubes , a bailar y cubrirnos de morreos locos.

Desde el Metro, que era la zona donde vivían Los Chunguitos, hasta mi casa tenía que volver de noche y atravesar un descampado muy oscuro. Moratalaz y el miedo. Con el tiempo apliqué una táctica que recomiendo a cualquiera: parecer más loca tú que el supuesto agresor. Hablar sola, cantar, mover llaves, pegar un pequeño grito. Nunca me pasó nada. Pero tengo amigos a los que atracaron en varias ocasiones: el peligro existía. Tuve también un momento ‘Guerra Mundial Z’, pero a lo pajero.

Desde elparque hasta la parada de autobús encontrabas, cada día, a uno mirándote y machacándosela con los ojos a la virulé.El uniforme no ayudaba. Sufrí a otro, más atrevido, que me llamaba a casa y me gemía sus cerdadas. Un día le eché dos cojones y le dije que por qué no nos veíamos y hacíamos todas aquellas cochinadas en directo. Me colgó al instante y sentí que le había tumbado pero, para mi desgracia, reapareció un año después.

Dejé de vivir en Moratalaz hace ya muchos años y, durante este tiempo, solo vuelvo para para visitar a madre. Siempre que voy procuro ser optimista y verle el lado bueno pero es que todo sigue igual. Han puesto columpios nuevos, eso sí. Pero no hay niños, se ha convertido en un barrio de personas mayores y esas personas son nuestros padres.

A veces imagino, quizá porque hay una parte estética que me lo recuerda, que Moratalaz podría convertirse en en el futuro Lower East Side de Madrid, con estudios para artistas y una corriente creativa concentrada en un barrio para jóvenes. Pero eso me recuerda a lo que pasó con Triball en el centro y casi prefiero que se quede así, fuera de moderneos y de futuro.

 

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16, 48 ó 64K?

Homenaje a tod@s los que hemos tenido la suerte de tener en nuestras manos uno de estos “artilugios” y comprender en primera persona de que va este asuntillo llamado informática y de donde viene.

Aún recuerdo aquellas tardes de verano, programando en código máquina con el ZX 48 con el Fox y el Tati , solo de recordarlo me hierve la sangre….. olé, olé y olé.

Valgan estas palabrejas para acordarnos de aquello.

Por aquel entonces yo tenía un C64 … bendito tesoro.

Que mil maravillas podían hacerse con un simple interprete de BASIC ! … la imaginación al poder !

Aún recuerdo que se lo vendí a un colega para pirarme de acampada. Lástima no tenerlo ahora entre mi colección de tesoros. Aunque por casualidad, no hace mucho tiempo me he hecho un ZX 48, que guardo como una de las piezas más preciadas de mi colección de Gadgets, junto con mi primer iPod Suffle de Apple, claro. It’s not Great ?

Está claro que la informática, hoy no es lo que era. Os acordáis de “War Games”?

 

Shall We play a game? Ohhhhhhhhhh!!

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M.

 

“El mundo es un libro, y quienes no viajan leen solo una página”

San Agustín

Cuando el filósofo escribió estas palabras en el siglo IV, el mundo era mucho más pequeño. Los europeos, por ejemplo,  no habíamos descubierto aún América, pero las poblaciones indígenas llevaban mucho tiempo recorriendo el continente americano. ¿Que pensarían y sentirían mientras iban leyendo las páginas de aquel enorme continente virgen?

A menudo pienso que un viajero nace, no se hace. Y es que, más allá de pasión  y emociones, en los viajes nos aguardan también tensiones y dificultades, por lo que la pulsión por abandonar nuestra zona de confort y lanzarnos a lo desconocido, nace forzosamente de una naturaleza especial. En mi caso, siempre me han movido una innata curiosidad por el mundo y el firme deseo de verlo con mis propios ojos.

Viajar es hoy más fácil que nunca, y en cierto modo menos necesario gracias a los medios de comunicación. Pero, ¿es realmente así? A mi juicio, nunca como ahora había resultado tan vital conocer de primera mano un mundo fascinante que cambia a toda prisa. Y es que solo pisando una tierra con nuestros propios pies podemos aspirar a comprenderla, desde el bosque más salvaje a la ciudad más cosmopolita.

He tenido la gran suerte de dar con una familia de viajeros, y mis primeros recuerdos de esta relación están ligados a grandes viajes por tierra, mar y aire.  Desde el comienzo de nuestra aventura, todos los años nos hacinamos en un avión y ponemos rumbo a algún lugar desconocido, hacia algún rincón por descubrir. Una vez allí, nos paramos cuando algo nos llama la atención y seguimos en busca de las palabras mágicas “habitaciones libres”. Estos viajes han dejado en mi bagaje, el espíritu libre del viajero, y nunca estaré lo suficientemente agradecido a mi familia por ello.

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M.

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